


Con el primer bocado, te darás cuenta de que estás degustando un producto auténtico, elaborado con las técnicas ancestrales que hemos heredado de nuestros abuelos.
La cecina es un producto exclusivo, equiparable al más exquisito jamón de bellota, que evoca lo más intenso y natural del mundo rural. La cecina es rica en hierro y muy baja en grasas, lo cual la convierte en un tentempié perfecto para cualquier ocasión.
El sabor de la cecina, su olor, su delicada textura, su vetado marmolado… han conseguido que este producto artesano se perciba como una de las delicatesen más apreciadas por los paladares más exquisitos. Los restaurantes más lujosos la ofrecen como su plato estrella y es presentada a menudo como un manjar reservado a los dioses. Sin embargo, su indudable tratamiento artesano te traslada a la naturaleza más auténtica de su origen milenario.
La cecina es carne de ganado vacuno. Una carne muy tierna, sabrosa y nutritiva que procede de las patas traseras de la vaca y es tratada en un largo proceso de maduración y secado que puede durar más de un año.
El proceso de fabricación de la cecina que elaboramos en Embutidos Montelueño se ha mantenido inalterable a lo largo de los años. Nuestros métodos de elaboración tradicional otorgan a nuestras piezas de cecina una calidad indiscutible.
Las piezas de cecina que elaboramos en Embutidos Montelueño proceden de la mejor parte de la pata de la vaca, la tapa. Nuestras vacas, grandes y gordas, han pastado en las grandes extensiones de dehesas ibéricas. Esa crianza natural confiere a nuestra cecina una gran jugosidad, gracias a un veteado suave que hace que cada bocado se funda en la boca.
¿Por qué cada pieza de cecina tiene una forma diferente?
El proceso de elaboración de la cecina es totalmente artesanal. Un buen ejemplo de la minuciosidad con la que nuestros maestros cecineros elaboran cada pieza es el recorte individual.
El perfilado manual permite ajustar la forma de las piezas para ofrecer una mayor calidad y un impecable aspecto. Cada trozo de carne se moldea para que muestre una veta perfecta y sus diferentes presentaciones resulten jugosas y atractivas a la vista.
Cada pieza requiere de su propio tiempo de maduración, en el que hay que tener en cuenta la raza de la vaca, la dureza de su grasa externa, el veteado interno…
En el proceso artesanal de salazón y cura de la cecina no se utilizan ningún tipo de conservantes artificiales. La carne de vaca se cura a través de antiguo sistema de conservación que aún hoy permite degustar el mismo sabor que disfrutaban nuestros antepasados.
Solo se necesita tiempo y espera en el propicio clima de la sierra sanabresa para obtener este producto de marcado carácter artesano.
Tras el moldeado de la pieza, se procede al salado con sal marina gruesa, un paso imprescindible para la deshidratación de la carne.
Posteriormente, en el proceso de lavado se elimina la sal que se ha quedado adherida a la carne para continuar con un largo y lento ahumado de las piezas en nuestros secaderos naturales de la sierra sanabresa.
Este proceso de ahumado, con leña de roble o encina, es el paso fundamental para conseguir el particular sabor de la cecina, sus olores, su textura y su consistencia.
El proceso de elaboración de la cecina puede durar más de 14 meses hasta obtener el punto exacto de maduración. Una tradición que apenas ha cambiado desde hace más de 2000 años.
En nuestra tienda online puedes conseguir la cecina de mayor calidad, presentada en diferentes formatos para degustar directamente en el plato o para elaborar las más deliciosas recetas de cocina con cecina: cachopos, empanada, ensaladas…
Combina tus platos de cecina de Zamora con nuestros vinos de Toro y descubrirás el sabor de un manjar reservado a los dioses.